16 de septiembre de 2014

Cómo reconstruir una Cuba Libre y Própera? Por Rafael Díaz-Balart.

UNA OBRA DE AMOR EN UN ESTADO DE DERECHO

         En las condiciones actuales de la sociedad cubana y presumiblemente en las que enfrentaremos en tiempos cercanos, en el inevitable minuto del cambio, de la transición del totalitarismo a la democracia, de la economía absolutamente estatizada y centralizada, a la economía de mercado, de la esclavitud castrista a la libertad y el Estado de Derecho, las tareas a emprender serán no solo formidables sino en extremo escabrosas. Ha sido muy grande la demolición castrista del país, de la sociedad, de la cultura y de la moral. Ha sido inmenso el daño económico, sociológico y espiritual. Es por ello que la paralela obra de reconstrucción y tránsito a una sociedad nueva ha de llevarse a cabo con tiento y sabiduría, y sobre todo con mucho amor a Cuba y a los cubanos. La reconstrucción de nuestra patria será una obra de amor, o no será, dentro del marco estricto de un Estado de Derecho, con el claro objetivo de erradicar definitivamente el odio entre cubanos. El punto de mira no puede ser otro que la felicidad de nuestro sufrido pueblo. Los puntos de apoyo: las reservas culturales y morales que no han sucumbido al desastre nacional. Y no podemos fracasar. Tenemos que movilizar esas reservas y conseguir que renazcan la fe y el optimismo en nuestra gente, tan lacerada y escéptica al día de hoy. Que el fraccionamiento y el odio inducidos vayan desapareciendo. Que podamos convivir como miembros de una sola y vital nación, dentro de las normales y deseables diferencias de la pluralidad. El pueblo cubano todo, el que está arruinado y amargado dentro de la Isla -mayoritario-, y el que está en el exilio muchas veces exitoso, pero igualmente amargado. Un solo pueblo. Ni los de adentro deben ver a los de afuera como conquistadores, ni los de afuera deben ver a los de adentro como colaboracionistas. Todos hemos sido victimas y todos vamos a construir nuestro futuro. Es así como triunfaremos. Las excepciones, que confirman la regla, de aquellos notorios criminales, serán juzgadas por la historia y por la justicia siempre en el estricto Estado de Derecho ya mencionado.
         Este Programa político no pretende prever, lógicamente, los detalles todos del cambio. Es, además, eso, un programa para el cambio y tendrá que modificarse y enriquecerse en el camino, con la luz del ideal delante de los ojos y con los oídos de la sensibilidad política pegados a la realidad. Por otra parte, el cambio, la liberación, parece inminente, si miramos al subsuelo donde están las raíces de la nación. Por eso trabajamos por ella al igual que otros actores del mismo, dentro y fuera de Cuba, y aunque le avizoramos en el horizonte mismo de la realidad política cubana, aún no percibimos -no podemos- con total nitidez sus exactos contornos. Pero está cerca, pueden desencadenarse los acontecimientos abruptamente, y no debemos permitir   que nos sorprendan y nos desborden.
         Por otra parte, en todos estos años nos hemos ocupado de trabajar en favor de la libertad de la patria y de preparar un Programa de ideas y sugerencias para las nuevas generaciones de cubanos. La Segunda República deberá fundarse en las instituciones y no en las personas.
         Las tesis básicas de este Programa tienen como referente las ideas que La Rosa Blanca ha venido postulando a lo largo de los años desde el pensamiento de su presidente y fundador, el Dr. Rafael Diaz-Balart. De idéntica manera hemos considerado la experiencia de los países de la Europa del Este, con sus lados positivos y negativos. Y sobre todo, el ideario ético-político de José Martí, tan perversamente manipulado a lo largo de la historia Republicana, y de manera particularmente afrentosa a lo largo de la tiranía castrista. Consideramos que la universalidad y cubanía del pensamiento martiano constituyen el más preciado tesoro de nuestra nación. Con nuestro Apóstol pensamos que “el gobierno ha de nacer del país...el gobierno no es mas que el equilibrio de los elementos naturales del país”.
         Por último, queremos señalar que nunca hemos recibido a lo largo de nuestros más de cincuenta años de existencia ningún tipo de ayuda, ni de gobierno ni de agencia extranjera alguna -aunque al respecto no nos pronunciamos críticamente contra nadie -.Sí subrayamos que no tenemos absolutamente ningún compromiso con nadie y que nuestro compromiso es únicamente con el pueblo de Cuba.
NI PROTAGONISMO NI PROSELITISMO
         La Rosa Blanca no aspira a protagonismo alguno, ni hace proselitismo en el exilio, porque cree que en y con el exilio nuestras funciones primordiales deben ser el mantenimiento de la oposición a la tiranía, el fomento del debate de ideas, los estudios que nos permitan un mayor conocimiento sobre nuestra nación, para aprovechar lo positivo de nuestra historia pasada y evitar sus errores en la futura Segunda República.
BALANCE DE LA PRIMERA REPÚBLICA
         La Rosa Blanca reivindica el balance positivo de la Primera República cubana (1902-1958), a pesar de sus defectos y errores, y tiene la convicción de que después del tenebroso paréntesis anti-histórico de la
anti-Cuba de estas últimas más de cinco décadas, será posible la resurrección de la Patria y su reconstrucción, en la Segunda República, a la cual contribuiremos con ilusión y tenacidad.
         La falaz versión castrista de la Primera República cubana (1902-1958) -por desgracia aceptada y publicitada por muchos en Occidente, en muchos casos perversamente interesada- ha insistido machaconamente en la idea de que Cuba era un país en el que campeaban la miseria, el analfabetismo, la prostitución, la desigualdad social y el dominio imperialista de Estados Unidos sobre la economía y la política. Se trata de una colosal mentira que, repetida hasta el cansancio al puro estilo goebeliano, ha pasado como verdad en muchos círculos políticos e intelectuales. Pero la realidad de Cuba era bien distinta, aun cuando debemos aceptar sus manchas, sobre todo para no volver a repetirlas. Como nos enseñara nuestro Apóstol: “El sol con ser el sol tiene sus manchas, los agradecidos ven la luz, los desagradecidos solo las manchas”.
         En este sentido, el gran filósofo judío- español Rabí Moisés Ben Maimón, conocido como “Maimónides” ( 1135- 1204), inspirador de muchos de los estudios de Santo Tomas de Aquino y un hombre inserto en la tradición de la cultura judeo cristiana -que es la nuestra -, nos regala una sentencia que deberíamos no olvidar, cuando escribió:
         “No hay en el mundo hombres ni mujeres perfectos, todo ser humano tiene en su haber meritos y pecados. Tampoco puede haber estados a gobiernos perfectos e infalibles. La pauta para identificar la perversidad
Y la justicia es la misma en el individuo y en la comunidad. Se llama justo a quien posee más meritos que pecados, y en el perverso se invierten los términos. Lo mismo sucede en el estado y gobierno: si en la conducta de sus miembros los meritos superan a los pecados, se trata de un estado a gobierno donde impera la justicia, y si los pecados son más numerosos que los méritos, reina allí la corrupción”. (En su libro Mishne-Tora, Sección Contrición).
         Por este camino, y teniendo en cuenta el contexto histórico y la realidad del país, el análisis de lo conseguido por la nación cubana en tan solo 56 años de independencia antes de la llegada de Castro al poder, nos muestran una sociedad y una economía vibrantes y florecientes, muy por encima, incluso, de muchos países del mundo industrializado y, por supuesto, de América Latina, sobre todo si tenemos en cuenta las   circunstancias y características de nuestro punto de partida como nación independiente. Para comprobarlo sería suficiente contrastar los datos fidedignos de los Anuarios Estadísticos de la ONU y del Banco Mundial. ¿Por qué Castro y sus repetidores en el exterior se han esforzado tanto en demoler la verdad? Pues porque necesitaban denostar a la nación cubana, a la República, que todos la creyeran tan nefanda que merecía la pena destruirla, como efectivamente la han destruido.
         En primer lugar, el castrismo ha conculcado las libertades fundamentales y los derechos básicos de todos los cubanos, con el falso pretexto de reafirmar la soberanía de la nación, de alcanzar cotas superiores de desarrollo económico y de implantar el reino de la justicia social. Lo conseguido tras más de cincuenta años de castrismo es justamente todo lo contrario. Durante décadas la soberanía nacional estuvo empeñada como nunca antes, en este caso a la felizmente ya desaparecida Unión Soviética, no solo sirviendo de punta de lanza a la agresividad soviética, o haciendo el trabajo sucio en las guerras mercenarias en África o en las guerrillas que han enlutado los hogares cubanos y también a Latinoamérica, sino incluso a poner en peligro la propia existencia de la nación y de la humanidad cuando la Crisis de los Misiles, en octubre de 1962. En cuanto a la justicia social, la Constitución de 1940 constituía un modelo de equidad social y, aun cuando existían sectores desfavorecidos -sobre todo en las zonas rurales- florecían crecientes capas medias y los obreros contaban con potentes sindicatos y con una muy avanzada legislación laboral que los protegía. Esta clase media, que tanto ayudo a Castro a tomar el poder, fue literalmente barrida en los primeros años de la tiranía que se hizo llamar "la revolución", los años de la absoluta estatización de la economía; y otro tanto ocurriría con los sindicatos que, de defensores de los intereses de los obreros se convirtieron en meras "correas de transmisión" del Partido-Estado totalitario.
         En otro orden del desarrollo social, Castro se presenta como abanderado de supuestos “logros” en los campos de la educación y la salud publica. Pero una somera mirada comparativa de lo que era Cuba en aquellos años y lo que es hoy, pondrá en evidencia la mentira. Castro propagandiza que Cuba ocupa hoy el mejor lugar en Latinoamérica en cuanto al índice de mortalidad infantil, lo cual es cierto. Como también es cierto que el mismo lugar ocupaba en 1957, año en el que se situaba, además, en el decimotercer lugar en el mundo, por encima de Francia, Bélgica, Alemania Occidental, Israel, Japón, Italia, España y Portugal; hoy ocupa el lugar vigésimo cuarto. Y hay más. Si leemos correctamente las estadísticas, observaremos que hoy Cuba se halla en uno de los primeros lugares en el mundo en abortos, lo cual necesariamente incide en los datos de mortalidad infantil. En 1957, Cuba ocupaba el tercer lugar en América Latina en médicos y dentistas por habitantes (128/100,000), por encima de países como el Reino Unido y Finlandia.
         Antes de Castro Cuba ocupaba el cuarto lugar en alfabetizados en Latinoamérica (76%), mientras hoy se encuentra en el segundo lugar con 90%, al tiempo que otros siete países del área sobrepasan el 90%, sin el traumatismo social cubano, sin represión y con libertad, como sin duda hubiera Cuba logrado el mismo lugar en democracia.
         Con relación a otros indicadores económicos, Cuba bajo Castro ha pasado del cuarto lugar en Latinoamérica a uno de los últimos en Consumo per capita de calorías. Otro tanto pudiera decirse en cuanto a teléfonos, automóviles, refrigeradores y televisores, en los que Cuba marchaba no solo entre los primeros de su entorno geográfico, sino del mundo. De igual manera la producción de azúcar, de café, de carnes, de arroz, etc. se halla hoy al nivel de principios de siglo, debido a la estentórea ineficacia del comunismo y de Castro. Y todo esto a pesar de que Cuba recibió hasta la calda de la URSS cinco veces mas recursos que todos los que recibiera Europa Occidental con el Plan Marshall después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial.
         Ciertamente Cuba no era una sociedad perfecta ni mucho menos antes de Castro. Aparte de que en las cosas humanas todo es mejorable, ¿qué país lo ha sido en tan solo 56 años de vida independiente? Problemas tenia, variados y complejos, y los iba enfrentando con creciente éxito. Hoy es un infierno, es la incapacidad, la destrucción sin paliativos. Reivindicamos, pues, lo que supimos hacer bien los cubanos en la República, al tiempo que rechazamos y tenemos en cuenta sus errores. Reivindicamos su balance positivo (Maimónides). Mucho hemos perdido con la destrucción llevada a cabo por el castrato, su balance desastrosamente negativo (Maimónides). Terminar con esa destrucción es un deber sagrado que nos permitirá llevar a cabo la reconstrucción nacional de Cuba, que resurgirá como el Ave Fénix, de sus propias cenizas.
NUESTRAS PROPUESTAS
PROYECTO DE PROGRAMA
         En el periodo inmediatamente posterior a la liberación, es decir en el periodo que se ha dado en llamar de transición, el Gobierno Provisional que se instaure deberá inexcusablemente cumplir con las siguientes condiciones:
1 -Amnistía para todos los presos políticos y de pensamiento, legalización de todos los partidos políticos, sindicatos obreros y la prensa, así como libertad de viaje y movimiento.
2 -Disolución de todos los órganos represivos y paramilitares de la Dictadura y establecimiento de normas de conducta que propicien y garanticen la profesionalidad, dignidad y neutralidad política de las Fuerzas Armadas.
3 -Convocatoria de elecciones, en un plazo razonable, para un Congreso Constituyente, que tendrá, unida a su función redactora de una nueva Constitución, las facultades legislativas y de fiscalización del Ejecutivo. Y elecciones generales después, desde municipales a presidenciales, incluyendo el nuevo Congreso.
         El Tribunal Electoral que se constituya deberá garantizar la limpieza y transparencia de los procesos de elecciones, incluyendo la imparcialidad, la distribución equitativa de los espacios televisivos y de radio, así como facilidades en la prensa escrita para todos los participantes en el proceso eleccionario. Asimismo el Tribunal Electoral velara por la total transparencia y fiscalización de las ayudas que se reciban por todos los partidos políticos que se organicen. Estas ayudas deben ser, en todo caso, de conocimiento público.
         Entre los perfeccionamientos y mejoras que proponemos para la Segunda República, creemos necesario que se establezca por los constituyentistas un periodo presidencial de cinco años, así como la prohibición constitucional de la reelección del Primer Mandatario. De igual manera, entendemos que el Presidente de la República debe ser, no tan solo de jure sino también de facto, el “Poder moderador y de Solidaridad Nacional”, y para ello debe señalarse la obligatoriedad constitucional de que renuncie como miembro de cualquier Partido político y a todo cargo partidario después de ser elegido Primer Magistrado y antes de tomar posesión de su alto cargo.
         También proponemos fortalecer los gobiernos provinciales y municipales, en aras de una sana descentralización del poder, que lo acerque a los ciudadanos.
LA PROPIEDAD PRIVADA. LA POLÍTICA ECONÓMICA.
EL BANCO NACIONAL
         Para La Rosa Blanca el tema de la propiedad privada es un tema no solo importante sino de principios, por cuanto de lo que se trata es de la base misma del proceso de reconstrucción y desarrollo económico de nuestra Patria, y únicamente debe enfocarse a través del principio de respetar y potenciar los valores democráticos y de libertad en el establecimiento de la nueva República cubana como un Estado de Derecho. La historia de la humanidad nos muestra que sin el mas irrestricto respeto a la propiedad privada no hay ni libertad, ni bienestar ni progreso en la sociedad. Partiendo de que este principio es inviolable -y así deberá ser recogido en la Constitución- la Nueva República deberá solucionar las múltiples demandas o reclamos que justamente presentarán aquellas personas físicas y/o jurídicas que hayan sido afectadas por las expropiaciones -los robos- del castrismo. Al respecto proponemos la creación de una Oficina con tiempo limitado de duración, o sea, Ad Hoc, que se encargará del estudio y tramitación, caso por caso, de tales reclamos. Ha de tenerse en cuenta la justa reparación de los derechos dañados sin descuidar el interés de la nación y los ciudadanos, dentro de las posibilidades y recursos que existan. En este sentido se podrán expedir bonos del Estado u otras vías que la ley determinará en su momento.
A) El problema de la propiedad de las viviendas.
         La Rosa Blanca se opone radicalmente a cualquier tipo de desalojo. Los legítimos dueños que así lo demuestren serán indemnizados y los actuales residentes no podrán ser desalojados de las viviendas que habitan. Se respetara el status que posean, es decir, si tienen titulo de propiedad o contrato de arrendamiento. Los arrendatarios continuarán abonando la renta hasta que alcancen el monto tasado de la propiedad de la vivienda y se conviertan en propietarios. Un plan de viviendas sociales deberá implementarse como una prioridad, a los efectos de conseguir una vivienda digna en propiedad para cada familia cubana.


3 de septiembre de 2014

Miami Latin Festival


Anuncio de lo que viene.  El concepto expone en un mismo escenario una fuerte dosis de artistas cubanos que viven en Cuba y en el Exilio.  
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